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COLABORACIONES VARIAS - 30 de julio de 2004

La armonización fiscal en la Europa de los 25

Artículo realizado en exclusiva por EJA para www.SentimientoBursatil.com

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Si hemos de hablar de algo que hoy está en la mente de todos los economistas y ministros de finanzas de la Eurozona, es la armonización fiscal. Al hablar de armonización fiscal hay que tener en cuenta dos tipos diferentes de gravámenes impositivos: el IRPF y el Impuesto sobre Sociedades.

Ambos impuestos directos, deberán sufrir en los próximos años una considerable reducción en sus tramos, si se quiere que el futuro de la UE, tenga el espacio que pretende ocupar en la economía mundial.

Digo esto porque si existe como hoy en día un gran desequilibrio entre la anterior Europa de los 15; con un promedio global de un 31,4% en el Impuesto de Sociedades, frente a un 21,5%, de media, en dicho impuesto, entre los diez nuevos socios, y dentro del contexto de los 25, tenemos a España con un gravamen impositivo superior al 35% en su tramo máximo, frente a otro país como Irlanda, con un 12,5%, o con Polonia, que tiene un gravamen de un 0%, comprenderemos fácilmente que existan en los próximos años, graves tensiones entre los antiguos y nuevos socios. Lo que producirá y de hecho ya se está produciendo, el conocido fenómeno de la deslocalización empresarial hacía esos países con unos tipos impositivos más favorables en el Impuesto de Sociedades.

Naturalmente, esto se traducirá en una inevitable pérdida de mano de obra entre los antiguos 15 miembros, dónde la política fiscal y la mano de obra es más alta en comparación con la que existe en los nuevos miembros.

El Sistema, en el cual nos encontramos inmersos en Occidente, busca como razón última de su existencia, la competitividad, y para conseguirlo, no tiene más remedio que la reducción de costes en los medios de producción; aunque sea en muchos casos, a costa de la calidad de los productos finales. Lo que nos puede dar una idea de los grandes retos que se avecinan para Europa, frente economías como la de Estados Unidos; dónde la flexibilidad laboral es total y con un programa de la Administración Bush, en el que el más importante factor de su política económica, es la reducción de impuestos directos, que, aunque a simple vista ha hecho crecer la economía y sacarla de la recesión; no es menos cierto que ha incrementado su déficit presupuestario hasta cifras nunca antes alcanzadas hasta la actualidad. Lo que aunque no se admita, o no salga en los titulares, ha provocado una huída de muchos inversores extranjeros de USA por una falta de confianza en su economía, ante unas perspectivas de endeudamiento sin precedentes de la actual Administración.

Pero como la economía hay que verla a nivel global, es un error creer que los problemas de la UE tan sólo existen dentro de ella misma, o en la competencia bilateral con Estados Unidos. China, Japón y Corea del Sur, junto con otros países de la zona de Extremo Oriente, son unos adversarios a los que hay que hacer frente, no con el proteccionismo hacia sus productos; sino con una competitividad de calidad en la terminación de los mismos.

El interrogante que se plantearía ahora es: ¿Están los consumidores de la Eurozona o de Estados Unidos? Dispuestos a pagar más por la calidad de unos productos autóctonos, o por el contrario, cederán a los bajos precios de los que proceden de las economías de Extremo Oriente?. Y otro factor; en dichos países, como Japón y Corea del Sur, se produce a costes inferiores a los europeos o americanos, y con una calidad igual o superior.

Volviendo de nuevo al tema que nos lleva este artículo, si bien es posible llegar a una reducción de los tipos impositivos en el IRPF y en el Impuesto sobre Sociedades en los antíulos miembros de la UE, llevará automáticamente implícito un aumento de los impuestos indirectos y como consecuencia, un aumento en la inflacción, que se traducirá irremediablemente en una subida de tipos de interés, así como una flexibilización en el empleo.

Todos estos factores, guardan una relación directa con la Curva de Philips (ver artículo); de la que ya he hablado en alguna ocasión y que en síntesis nos viene a decir: “que al combatir la inflación (enfriamiento de la economía) el desempleo aumenta, mientras que si se quiere luchar contra el desempleo relanzando la economía, habrá que aceptar un crecimiento de la inflacción. Lo que a su vez lleva a un aumento en los tipos de interés para controlar la inflacción”. ¿Pero qué sucede en el largo plazo, cuándo los salarios nominales terminan por recoger el aumento de los precios y la caída inicial de los salarios reales desaparece? Que las empresas terminan por desprenderse de los trabajadores que inicialmente habían contratado.

No obstante, si introducimos dos variables más a esta situación; como es una escalada continuada en los precios del crudo por encima de los 30$ y un crecimiento exponencial en el mercado hipotecario; el resultado final de todo este entramado, es un colapso del sistema.

Creo que no es un análisis negativo, aunque en sí mismo lo parezca; porque en él están las claves para que no suceda. Tan solo hay que verlo y poner los diques de contención para que no nos desborde cuando las fuerzas de la Naturaleza se desaten. ¿Sabrán verlo y darse cuenta a tiempo los que controlan el Sistema?

Saludos, EJA
www.SentimientoBursatil.com

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