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COLABORACIONES VARIAS - 2 de octubre de 2003

La caída de los Dioses

Artículo realizado en exclusiva por EJA para www.SentimientoBursatil.com

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Lo sucedido en estos últimos días consecutivos de caídas, ha sido como una corrida de toros sin picadores. O como caminar sobre una cuerda con una caída bajo tus pies de 50 metros, con tan sólo una barra entre los brazos para mantener el equilibrio. El Euro se fue hacia arriba, sacudiendo a todos los mercados dejándolos de un color rojo carmín; como si de un festejo taurino del siglo XIX se tratase, en el que todos los elementos activos de la plaza recibían lo suyo, haciendo brotar la sangre, ante un público que gritaba enfervorizado desde las gradas con los ojos salidos de su origen, ante tamaño espectáculo.

Y es que lo llevamos dentro de los genes. La sangre en el ruedo, o en el parquet, hace brotar deseos inconfesables; en este último caso, de todos aquellos que se quedaron como simples espectadores de grada, y no se atrevieron a entrar cuando el mercado se fue hacia arriba desde mínimos.

En esa cómoda posición de observadores, activos o pasivos, se despluma sin piedad a quien no ha sabido ejecutar una buena faena al no poder matar al toro a la primera. Allí, no se recuerdan triunfos pasados de quien en otras gloriosas tardes, era sacado a hombros por la puerta principal. Ahora, todos son gritos de “¡fuera!”. “¡Que lo quemen en la plaza pública!”.

Retrocediendo unos siglos atrás, era la arena del circo romano, donde los bajos instintos atávicos deseaban sangre para tranquilizar sus mediocres vidas, llenas de monotonía y frustración por no estar junto al Emperador.

En el Parquet, no existe misericordia para los que caen. Es la más excelsa representación del Capitalismo en su estado puro. Y quienes aceptan sus reglas y entran a la arena, sufren cada día la mirada atenta de todos los que no se atreven a descender y prefieren la seguridad de la observación desde las cómodas gradas del foro.

Allí, cual gladiadores de la época de emperadores como Cómodo, Calígula, Nerón y tantos otros, si tienen éxito, son vitoreados y ensalzados, pero hay si cometen un solo error; una piscina llena de pirañas les espera para dejar de ellos los huesos pelados.

Me he permitido hacer estas metáforas, es posible que algo exageradas, porque en el fondo; en estos escenarios en los se se juega la vida o el dinero, la fama y la gloria, despierta unas fuerzas telúricas entre quienes se sientan cómodamente a ver el espectáculo, que por unos instantes, les hace sentirse jueces y condenar o absolver, al igual que hacía el César en tiempos del Imperio Romano.

Pero dejando a un lado la historia y el lenguaje metafórico, no sería justo, si dijésemos que en esta fiesta el Euro ha sido el único responsable; le ha acompañado el Yen, que ha llegado a niveles históricos frente al Dólar, provocando entre ambos, una gran pupa a los mercados. Por supuesto, controlada por los de siempre. Había que meter el cuchillo, y han bajado hasta el hueso; según ellos: “había que hacer una buena limpieza”.

Mientras, la Reserva Federal, simplemente ha dejado hacer dando vía libre a los grandes especuladores monetarios entrasen a saco contra el $ y así aliviar sus stocks de inventarios y poder aliviar la deteriorada balanza comercial, que alcanza cifras de miedo ante la sangría constante del Tesoro, agravado por la permanencia de las tropas norteamericanas en Irak. Algo que un principio fue vendido como un paseo militar, se ha convertido en una encerrona de difícil solución.

Y para dar la picota, los países que integran la OPEP, acordaron la semana pasada reducir la producción de crudo en 900.000 barriles diarios.

Con todos estos elementos, apareció y se unió a la fiesta el Índice de Confianza de los Consumidores norteamericanos, con sus puestos de trabajo cada vez más en el aire, y pusieron la guinda final de la fiesta, haciendo desplomarse a todos los mercados.

Allí mismo, donde todo eran cuerpos mutilados y destrozos como si una batalla medieval se tratase, acudieron al final, en sus hermosos corceles y revestidos de brillantes armaduras, “LOS SEÑORES DE LA GUERRA”, sentenciando el fin de la contienda con una breve frase:

“ESTO HA ACABADO, NO TE PARECE SER HENRY”

Al día siguiente, cuando ambos se alejaban hacia sus respectivos campos de armas, un sol brillante e intenso, salía dónde tan sólo hacia unas horas, todo era una espesa niebla, dónde las cabezas rodaban por doquier.

Saludos: EJA
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