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JOHN MAYNARD KEYNES (1883-1950), estableció un conjunto de ideas, teorías y concepciones de política económica, dónde el Estado tiene un papel de gestión activa para conseguir un elevado nivel de empleo, combinado con un Estado de Bienestar basado en impuestos progresivos. Tras un período de síntesis neoclásica, que ocupó un lugar central en le economía macroeconómica y que duró nada menos que desde los años 40 hasta los 80, llegaron los Monetaristas de la escuela de Chicago, representados fundamentalmente por Milton Friedman y Robert Lucas, “y que en síntesis, nos dicen que el Estado no tiene papel alguno en la lucha contra las oscilaciones cíclicas de los mercados”.
Sin embargo, dos alumnos aventajados de esta Escuela, dieron el hachazo final, al decir que “La reducción de los impuestos es el mayor incentivo para aumentar la actividad económica”. Y así, Martín Feldstein y Robert Mundell, enterraron los principios Keynesianos como caducos y fuera de lugar en los actuales tiempos económicos.

Y llegados a este punto, en que “lo mejor es no intervenir y dejar hacer”, aunque por la trastienda tuviésemos a Greenspan modificando tipos e inyectando liquidez al mercado, para compensar los desaguisados financieros de la última etapa monetarista; surgieron los peores vicios del ser humano, apareciendo en los pilares que sustentarían la nueva catedral de la Economía Network “LAS CLOACAS DE LA ECONOMÍA”, dónde, el olor fétido de las más insoportables corrupciones, sobornos y abusos de poder de todo tipo, pasando por el dinero negro y la economía sumergida, ha ido formando un tejido que lo envuelve todo como una tela de araña, en la que dichas cloacas acaban engullendo barrios enteros o incluso países que viven en permanente marginalidad.
Decía Keynes hace más de sesenta años, casi con visión profética; que las importantes mejoras que podrían preverse en el campo de la Economía, permitirían retornar a algunos de los más seguros y ciertos principios de la virtud tradicional: “que la avaricia es un vicio; la aplicación de la usura, una fechoría, y el amor al dinero, detestable”.
No estaría de más reconocer aquéllas palabras proféticas de Keynes en nuestra sociedad actual; dónde el fraude es un vicio que se ha extendido a todos los niveles y capas, en unos casos por acción directa y en otros por omisión. Dónde la corrupción se ha convertido en delito y la insolidaridad social, en algo abominable”. (Antonio Pulido San Román, Doctor en Ciencias Económicas y Catedrático de Econometría de la Universidad de Valencia).
Saludos, EJA
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